¿Qué es lo verdaderamente importante?
Busco en mi interior la respuesta,
y me es tan difícil de encontrar.

Falsas ideas invaden mi mente,
acostumbrado a enmascarar lo que no entiende,
aturdido en un mundo de falsas ilusiones,
donde la vanidad, el miedo, la riqueza,
la violencia, el odio, la indiferencia,
se convierten en adorados héroes.

Me preguntas cómo se puede ser feliz,
cómo entre tanta mentira se puede vivir,
es cada uno quien se tiene que responder,
aunque para mí, aquí, ahora y para siempre:

Queda prohibido llorar sin aprender,
levantarme un día sin saber qué hacer,
tener miedo a mis recuerdos,
sentirme sólo alguna vez.

Queda prohibido no sonreír a los problemas,
no luchar por lo que quiero,
abandonarlo todo por tener miedo,
no convertir en realidad mis sueños.

Queda prohibido no demostrarte mi amor,
hacer que pagues mis dudas y mi mal humor,
inventarme cosas que nunca ocurrieron,
recordarte sólo cuando no te tengo.

Queda prohibido dejar a mis amigos,
no intentar comprender lo que vivimos,
llamarles sólo cuando les necesito,
no ver que también nosotros somos distintos.

Queda prohibido no ser yo ante la gente,
fingir ante las personas que no me importan,
hacerme el gracioso con tal de que me recuerden,
olvidar a toda la gente que me quiere.

Queda prohibido no hacer las cosas por mí mismo,
no creer en mi Dios y hacer mi destino,
tener miedo a la vida y a sus castigos,
no vivir cada día como si fuera un último suspiro.

Queda prohibido echarte de menos sin alegrarme,
olvidar los momentos que me hicieron quererte,
todo porque nuestros caminos han dejado de abrazarse,
olvidar nuestro pasado y pagarlo con nuestro presente.

Queda prohibido no intentar comprender a las personas,
pensar que sus vidas valen más que la mía,
no saber que cada uno tiene su camino y su dicha,
pensar que con su falta el mundo se termina.

Queda prohibido no crear mi historia,
dejar de dar las gracias a mi familia por mi vida,
no tener un momento para la gente que me necesita,
no comprender que lo que la vida nos da, también nos lo quita.

¡Hasta siempre!


Si tú crees que una sonrisa  es más fuerte que un arma, si tú crees que lo que une a los hombres es más fuerte que lo que los separa, si tú crees en el poder de una mano extendida, si tu crees que ser diferente es una riqueza y no un peligro, entonces ¡Vendrá la paz!

Si tú sabes mirar al otro con un poquito de amor, si tú sabes preferir la esperanza a la sospecha,si tú estás persuadido que te corresponde tomar la iniciativa antes que el otro,si todavía la mirada de un niño llega a desarmar tu corazón, entonces ¡Vendrá la paz!

Si tú puedes alegrarte del gozo de tu vecino, si la injusticia que golpea a los otros te indigna tanto como la que tú puedes sufrir, si para ti el extranjero es un hermano, si tú puedes dar gratuitamente un poco de tu tiempo por amor, entonces ¡Vendrá la paz!

Si tú sabes aceptar que el otro te preste su ayuda, si tú compartes tu pan y sabes dar con el un pedazo de tu corazón, si tú crees que el perdón consigue más que la venganza,si tú sabes cantar la felicidad de otro y bailar su alegría... entonces ¡Vendrá la paz!

Si tú puedes escuchar al desdichado que te hace perder tu tiempo y entretenerlo con una sonrisa,si tú sabes aceptar la crítica y hacer que te sea provechosa sin rechazarla ni defenderte, si tú sabes acoger y aceptar un punto de vista diferente al tuyo, si tú rehúsas a darte golpes por tus culpas en el pecho de otros entonces ¡Vendrá la paz!

Si para ti el otro es ante todo un hermano, si para ti la cólera es una debilidad, no una manifestación de fuerza, si tú prefieres ser herido antes de hacer daño a alguien, si tú no te sientes tan importante que después de ti el Diluvio entonces ¡Vendrá la paz!

Si tú alcanzas y te colocas al lado del pobre y del oprimido sin creerte un héroe,si tú crees que el amor es la única fuerza de disuasión,si tú crees que la paz es posible, entonces ¡Vendrá la paz!

¿Quién pondrá paz en nuestros corazones si tu ternura y compasión se esconden? ¿Quién colmará este hambre de infinito si a colmarlo no vienes por ti mismo? ¡Ya, Señor! ¿Para cuándo esperas? Ahora.

Ven Salvador nuestro, por quien suspiramos.Ven a nuestras almas ven no tardes tanto.

Preparándonos para la celebración dominical del 29 de noviembre con la Lectio divina para el primer domingo de adviento. Ciclo C

Jeremías (33,14-16); Tesalonicenses (3,12–4,2); Lucas (21,25-28.34-36):

La justicia es el signo que preanuncia la presencia y la acción de Dios en medio de su pueblo (primera lectura); esta se expresa en las relaciones de amor mutuo como manifestación de la santidad, único “gesto” que agrada al Padre Dios (segunda lectura); los mismos astros tiemblan - ¿poderes de este mundo? – y el universo entero se estremece ante la fuerza de la justicia, expresada en el amor… por esa misma razón el día “tremendo” se convierte en esperanza para el cristiano (evangelio).

A veces pensamos que el adviento se caracteriza por su espíritu de penitencia para expresar la conversión; este es el vivir diario del cristiano; sin embargo, el tiempo de adviento es sobre todo un tiempo donde se aviva la esperanza cristiana. Para ello se van presentando las lecturas propias de este tiempo, para hacer que nuestra esperanza se renueve. Que más adecuado, para este propósito, que poner la mirada en nuestra meta; “se acerca vuestra liberación” (Lc 21,36).

La esperanza no se confunde con el optimismo de la vida, aunque quien espera en el Señor no puede sino ser optimista. La esperanza no es ciega ante el mal que hay en el mundo, en nosotros mismos, pero la derrota no entra a formar parte de sus sinónimos. La esperanza no es un sentimiento que preanuncia “una” buena noticia, pero “la” Buena noticia es el motor que la mantiene encendida. La esperanza no ignora el peligro que nos amenaza continuamente, porque conoce mejor la osadía de quien la mantiene viva. La esperanza, en definitiva, no se adquiere por unas prácticas terapéuticas o unos cursos de autoestima y superación personal; porque aparece cuando Dios Padre se acerca; se nutre cuando Jesús me llama y yo, dejándolo todo, empiezo a seguirle; y crece cuando el Espíritu del Padre de Jesús se aposenta en la morada interior (el “corazón” bíblico).

¿Quién suscita, quién nutre, quién aviva nuestras esperanzas? ¿Quién nos regala, quién sostiene, quién mantiene nuestra esperanza? Una pregunta para empezar el adviento porque: “se acerca vuestra liberación”.

Te esperamos para prepararnos juntos para acoger al Señor que viene.
P. Nicolás Sánchez Toledano

Hoy se cumple un año de la llegada de Pepito a este mundo, nueve horas permaneció en él, depositando el mensaje que Dios le encomendó cuando pensó en su creación. El único fin de la existencia de Pepito en esta tierra: traer en su pequeño cuerpo todo un regalazo para los que de una forma u otra iban a conocerlo. Vino a mostrarnos lo que el AMOR puede hacer, los corazones que puede transformar, la esperanza que puede albergarse en nuestras vidas. Se presentó en silencio para hablarnos de la valentía de sus padres que apostaron por dejarle nacer,  sabiendo que se lo arrebatarían en un tiempo muy muy breve. Pepito fue esperado con muchos interrogantes, dudas, miedos, lágrimas, quejas, tentaciones, desalientos  e ilusiones, pero cada hora de vida respirada en los brazos de sus padres iba borrando el sin sentido de tantos sentimientos, iba modelando y transformando cada instante de incertidumbre en una coyuntura de luz y claridad.

Pepito está siempre con nosotros. Vivió solo nueve horas pero no olvidaremos ni una sola de ellas y ni un solo momento de todas las que le precedieron antes de su nacimiento. ¡Pepito está presente! Sigue con amor todos los pasos de sus padres,  los sostiene en los momentos de desaliento, seca sus lágrimas,  los coge de las manos para que no caigan, alegra aún más sus sonrisas, es el que en cada instante, minuto, hora de su jornada está a su lado. El que cada mañana los despierta con un beso y por las noches abre sus alas para calentar sus corazones; el ángel que nunca los abandonará,  el que los esperará hasta el final de su viaje para encontrarse y no dejarlos nunca más. Es el que ya está cuidando de su hermana que ocupa ahora el lugar donde él estuvo, y que en unos meses nacerá.

Es verdad, ha pasado un año y aún sigo importunándole en el cielo. Le advertí que no lo dejaría descansar rogándole que intercediera ante Dios por todo lo que le iba a pedir . Entró en mi vida llenándola de alegría, escuchando mis sueños y proyectos, pero allá arriba tenían necesidad de un ángel y Pepito respondió a esa llamada, dejándonos aquí entre las lágrimas y la impotencia. Serás siempre mi maravilloso pequeño que no pude acoger ni siquiera con un abrazo. Un día sé que lograré acunarte un poquito entre mis brazos. Estarás siempre en mi corazón.

Desde que creé este blog, son varios los niños que he podido ver partir hacia el encuentro con Dios; ellos han estado presentes en estas páginas : Giorgina, Jesús, Kai, Bely, ShanePepito , Andresito…  No lo han hecho sin un buen motivo: Dios lo conoce y nos lo dirá cuando lleguemos a Él , para estar de nuevo con ellos. No quieren lágrimas y dolor, los tendrían anclados a este mundo que ya no les pertenece más, tienen que crecer espiritualmente, tienen que seguir adelante en su camino y por eso lo mejor que podemos hacer para honrar su memoria es dedicarnos a los demás, a quien sufre como nosotros y más que nosotros. No hace falta irse de misionero a tierras lejanas, tal vez por las esquinas de nuestras casas y de nuestro lugar de trabajo, existan personas que necesitan de nuestra ayuda y no lo sepamos. No creamos que las palabras, si surgen desde el profundo de nuestro corazón, no puedan dar consuelo. 

Demos gracias a Dios por todos esos ángeles que hemos tenido la oportunidad de conocer, agradezcamos todo lo que ellos nos han traído, seamos conscientes de su presencia diaria entre nosotros, son grandes intercesores ante Dios; yo he podido verificarlo en todo este tiempo. Agradezcamos la generosidad y valentía de sus padres que supieron aceptar y ofrecer el regalo que se les dio y que tan prontamente se les quitó.

Gracias Pepito por el ciclón de amor que arrasó tanto egoísmo en nuestras vidas. No dejes de hacerlo cada vez que nos olvidemos de servir y amar a los demás. ¡Feliz primer cumpleaños en el cielo!

Te quiero un montón



Dibujos de Pepito : Javier SP GL
Fondo dibujo : Iwona Lifsches Artwork

No me tengo por hombre de oración, ni menos por maestro de ella. Hay otros que, seguramente, te introducirán mejor en este campo. Pero, si buscas mi experiencia en este punto, creo que he de comenzar diciéndote que conozco diversos modos de hacer (¿o no hacer?) oración.

  • Conozco esa experiencia medio desesperada en la que intentas orar y tienes la seguridad de que tus palabras chocan con una especie de cámara insonorizada, y no alcanzan a nadie.
  • Conozco eso que los clásicos de la espiritualidad llamaban “consolación”, y algunas veces -muy pocas pero las recuerdo- se ha producido en mi con unas lágrimas injustificadas que, por supuesto, un psicólogo vería explicables de otras mil maneras.
  • Conozco una oración vocal, con palabras, de la que sé que las palabras no sirven para poner a Dios atento hacia mí, sino para ponerme a mí atento a Dios. Por eso han de ser dichas muy despacio.
  • Conozco otra oración sin palabras: una especie de silencio no vacío, casi tampoco reflexivo, que se reduce a un “estar ahí”, pero no sólo eso: casi se parece más a cuando entras en una piscina y sientes que el agua te envuelve y te empapa, que a cuando tienes un interlocutor fuera de ti.
  • Conozco una oración mezcla de ambas que, a lo mejor, mantiene una o muy pocas palabras repetidas que, a la vez, evitan que la imaginación se distraiga e invitan al silencio.
  • Conozco una oración reflexiva o discursiva que, a veces, por deformación profesional, casi se me convierte en un escrito.
  • Conozco un estar pensando en las musarañas, y diciendo de vez en cuando tonterías como ésta: “perdona Señor que me distraigo”.
  • Conozco una oración en que no hago más que pedir como sea el Espíritu, porque me siento incapaz de ser yo; o en que casi me entran ganas de cantar, solo y todo, porque siento una gran necesidad de agradecer;o en que repaso “ante Dios”mis gentes queridas, tratando de comprender que Dios les quiere aún más que yo.

Y también conozco una oración que sirve para encajar los golpes de la vida. Porque la vida da golpes, y la sensibilidad no se pierde por el encuentro con Dios. Y la sensibilidad se ve herida a veces: en el campo afectivo, en el de la autoestima, en el del miedo... en tantos otros.

Y si esos golpes no son bien digeridos se te quedan dentro y acaban saliendo por algún lado imprevisto: por la agresividad, la sexualidad, la pereza, o la pérdida de la capacidad de esperanza. Y si los digieres tú solo corres el peligro de justificarte, condenar al que golpea y volverte planeadamente hostil o rencoroso. Pero si los digieres con Dios, ante El, con sus ojos, los integras de veras y hasta se convierten en “alimento”para nuestro crecer... Aún me dejo cosas, pero lo importante no es la enumeración sino el balance que hoy, tras muchos años, saco de todas esas experiencias.

Y el balance extraño es que: no sé bien cuándo he hecho oración. Quizá cuando me parecía haberla hecho no fue tanto, y cuando me parecía que no, sí que hubo oración. Pero me atrevería a decir que algunas veces y sin saber cómo, sí que creo haber estado en contacto con Dios. Lo que me resulta hoy muy claro es que todo ese contacto con Dios, por real que sea, tiene siempre elementos (o, en nuestra jerga teológica: mediaciones) que no son Dios y, por eso, son las más perceptibles a nosotros. De ahí lo fácil que es engañarse hablando de esto.

Y si te digo que algunas veces creo haber sentido a Dios, he de recordar lo dicho en la primera parte: que Dios es como la luz, que a ella no la ves, pero sólo gracias a ella ves las cosas. Entonces, estas cosas “iluminadas”no son la luz, pero, a través de ellas, entras en contacto con la luz. Por eso, para mí, la experiencia primordial de oración va siendo cada vez más no la de hablar a Dios o mirar a Dios, sino la de mirar el mundo “con los ojos de Dios”. He pasado por lo primero, por supuesto, y sospecho que ha de pasar todo el mundo. Pero hoy me quedaría más bien con lo segundo: y es en esos “ojos de Dios”donde creo haber contactado con Él.

El mismo Padrenuestro, la oración de Jesús, se me llena más de sentido si lo tomo no como las cosas que tengo que decir “a Dios”(en este sentido puede hasta volverse banal y rutinario), sino como la cosas que me brotarán si consigo ver el mundo con los ojos de Dios. Lo que antes te decía sobre la presencia del nosotros en la paternidad de Dios, es algo de ese mirar el mundo con los ojos de Dios, en lugar de mirar a Dios con mis ojos pecadores. Lo contrario es lo que hace que el Padrenuestro a secas sea, tantas veces, mera rutina.

Bien,  toda esta descripción es para decirte que esa sensación orante se convierte a veces en confirmación de la opción creyente. Y encuentro que este elemento no es transmisible por las meras palabras. 
José Ignacio González Faus

Preparándonos para la celebración dominical del 15 de noviembre con la Lectio divina para el XXXIII domingo del TO. Ciclo B

Daniel 12, 1-3; Hebreos 10, 11-14. 18; Marcos 13, 24-32

Daniel anuncia, desde los tiempos difíciles, la acción salvadora de Dios (primera lectura); una acción que implica la derrota y aniquilación del mal y la muerte, por el perdón, en el único sacrificio de Cristo (segunda lectura); dicha aniquilación es el anuncio, como las tiernas ramas de la higuera, de la llegada de la primavera, del renacer de la historia humana junto con el cosmos, dirigiéndose hacia Cristo Rey del Universo (evangelio).

Cercano el tiempo final de la liturgia, la Iglesia nos presenta también el final de la Historia de Salvación. En una semana estaremos celebrando la fiesta de Ntro. Señor. Jesucristo Rey del Universo; por ello mismo aparece anunciado el “Hijo del hombre sobre las nubes con gran poder y majestad”. El lenguaje es apocalíptico, como también el del libro de Daniel, y por ello no hay que olvidar que este género literario tiene sus criterios para ser interpretado correctamente. No puedo en este breve espacio afrontar este tema, pero sí presentar el mensaje al que se dirige. El Papa Francisco nos recuerda que el poder de Dios es la misericordia y por tanto no se pueden desligar estos textos del encuentro definitivo con la misericordia de Dios.

En dos semanas estaremos dentro del tiempo de adviento, preparándonos para la Navidad; pero esa venida de Jesús es esperanza de alcanzar la plenitud de vida que empieza en Belén. Por ello anunciar el triunfo definitivo es también renovar el inicio y no perdernos en elucubraciones catastróficas y tremendistas. Estos textos no nos hablan tanto de un futuro, a no ser que se colme de esperanza, cuanto de un presente que tiene que ser vivido en la intensidad del amor de Dios –"vigilancia" lo llamará el evangelio-, porque “el día y la hora nadie lo sabe” (Mc 13,32).

Esperamos por tanto la plenitud de la vida, y por ello fomentamos una cultura de la vida. Esperamos la aniquilación del mal y de la muerte y por ello luchamos por la justicia y la paz. Esperamos también ser partícipes de la plenitud cósmica en Jesucristo y por ello intentamos cuidar nuestro planeta. Esperamos el perdón definitivo y por ello nos acercamos e intentamos estar junto a los descartados. Esperamos la verdad en la palabra humana y por ello nos acercamos a la “Palabra que no pasa” aunque muchos se empeñen, con sus mentiras, en no hacernos creer en ningún tipo de palabra. Por eso oramos, trabajamos y esperamos también el “venir del Hijo del Hombre sobre las nubes con gran poder y majestad”.
P. Nicolás Sánchez Toledano


Hoy comparto un entrada de un colega blogero que publicó en su blog “El patio de los gentiles”. Como él mismo pide que se difunda y a mí me ha encantado su exposición, lo copio tal cual. Aprovecho para aconsejaros la lectura de sus otros post.

Finalmente, después de haber perdido la cuenta de la cantidad de veces que he escuchado el argumento de “las riquezas de la Iglesia”, he decidido dedicarle todo un artículo, de manera que quede de una vez por todas sepultado el mito. Ruego encarecidamente a todo católico y hombre de buena voluntad, que comparta y difunda esta información, de manera que el día de hoy exista menos ignorancia que ayer. En lo personal, muchas veces me cuestiono si las personas que nos abordan con este argumento, lo hacen por ignorancia – en cuyo caso se les quita leyendo – o por perjuicio contra la Iglesia, en cuyo caso no le servirá ni este artículo ni ningún otro. Sobre estos últimos, siempre me recuerda al pasaje evangélico de la unción en Betania, cuando María unge los pies de Jesús con un perfume carísimo, y Judas escandalizado empieza a murmurar, que por qué no han vendido ese perfume para repartir a los pobres, a lo que Juan responde – y queda muy claro en esta parte, que a Juan no le simpatizaba mucho Judas – que él “no decía esto porque le importaran los pobres, sino porque era ladrón, y como tenía la bolsa, se llevaba lo que echaban en ella”

EL CUESTIONAMIENTO (O EL “AJÁ, SABÍA QUE ESCONDÍAN ALGO”)

Verdaderamente con este tema, muy pocas veces sé con exactitud qué es lo que se critica, pues me ha tocado escuchar las “acusaciones” más inexactas, difusas, nada claras y vagas de este mundo. Porque nunca es claro a qué riquezas se refiere, qué es lo malo de esas riquezas hipotéticas y quiénes son los culpables (porque los pobres también son parte de la Iglesia), y exactamente cuál es la culpa, qué es lo que se espera que la Iglesia debería hacer, etc. Esta semana una persona en mi cuenta de Ask me cuestionaba sobre “los palacios y las joyas”de la Iglesia, a lo que sinceramente no sabía cómo responder, porque no entendía en qué momento habíamos pasado de la Iglesia a Dubai.
A simple vista lo primero que puedo intuir es que tratan de apuntar hacia una especie de “insensibilidad” de parte de la Iglesia con respecto a la pobreza: “¿cómo es posible que la Iglesia tenga tantas riquezas cuando hay tantos pobres en el mundo?”. Esta acusación sería como una especie de descrédito para la Iglesia, ya que después de todo, una institución que vive semejante hipocresía (dice que ama a los pobres, mientras está llena de riquezas que no pone al servicio de los mismos) no sería digna de ser tomada en cuenta, ni creída ni aceptada.

¿DE QUÉ RIQUEZAS ESTAMOS HABLANDO?

Seamos serios, que alguien aporte datos. Si se da por supuesto que en el Vaticano hay grandes tesoros que se diga ¿qué tipo de tesoros? ¿Joyas, cuentas bancarias? ¿Dónde están? ¿De cuánto estamos hablando? Pero ante esto, yo me pregunto si es que la gente piensa en verdad que la Iglesia es una institución millonaria, de repente algún obispo que haya salido en la revista Fortune encabezando a los propietarios de grandes fortunas, como es el caso de Edir Macedo, líder de la Iglesia Universal del Reino de Dios (Pare de Sufrir) y de su imperio multimillonario. ¿Acaso la Iglesia Católica es una organización con fines de lucro? ¿Cotiza en bolsa? ¿Da dividendos? Si a esta gente le preocupan los pobres y andan buscando de dónde sacar riquezas monetarias para repartir, sugiero que hagan dos cosas: a) empiecen por sus propios bolsillos b) vayan investigando las finanzas de las denominaciones protestantes.

La acusación de por sí sugiere premisas falsas y hasta fantasiosas: vida lujosa del Papa, sacerdotes nadando en dinero, cuartos subterráneos debajo de las catedrales con lingotes de oro… no me hagan seguir por favor que no me da la imaginación para más.

Pero nuevamente la pregunta, ¿a qué riquezas se refieren? No tienen que ir al Vaticano para investigarlo, basta que vayan a su parroquia más cercana o a la Catedral y díganme por favor, señálenme con el dedo índice, ¿de qué riquezas estamos hablando?

¡Ah! Tal vez se refieran con “riquezas” – como las llaman – al tesoro cultural, espiritual e histórico de iglesias, imágenes, cuadros, frescos, cálices, ornamentos litúrgicos… Estas “riquezas” no tienen ningún valor comercial ni financiero. Están destinados al culto divino, como medio de devoción para los fieles o expuestos en museos públicos como patrimonio cultural.

… ¿Y LA POBREZA?

Bueno, desde el punto de vista financiero… y si rematamos todo ¿qué sucede? Antes de entrar al tema de fondo, quisiera abordar lo inútil que sería una supuesta venta del Vaticano.
Digamos que tomamos en serio la acusación a veces hasta anónima de las “riquezas del Vaticano” en beneficio de los pobres y de los millonarios que participarían en dicho remate. Bueno, hagamos números ¿Cuánto representa en dinero todo el contenido del Vaticano? No tengo ni idea… pero digamos que ¿unos cien millones de dólares? ¿mil? ¿diez mil?… ¿qué es eso para el problema del hambre, la pobreza y el subdesarrollo? Si se vendiera todo, ¿a cuántos ayudaría durante un día? ¿Son conscientes de que en un día se iría todo el dinero?

Quienes dan este tipo de razonamiento pobre, lo único que buscan es desprestigiar a la Iglesia con argumentos sentimentales y vacíos de valor racional. En realidad, plantear el “problema” de las riquezas del Vaticano o de la Iglesia es sencillamente prehistórico,  ya que hoy en día la riqueza no se mide por propiedades, terrenos o piezas de museo, sino por marcas (¿cuánto valen los logos de McDonald, Claro, Coca Cola), acciones en la Bolsa, etc. Y de este género de riqueza – lo que se entiende por riqueza hoy – la Iglesia no tiene absolutamente nada. ¡Es más! Ni siquiera tiene la Biblia patentada.

Cualquier Estado del mundo con un pequeño porcentaje de su presupuesto anual podría posiblemente aportar mucho más que la venta total de todo el Vaticano, territorio incluido. Además, el problema de la pobreza no se soluciona con una donación, pues es un problema de desarrollo y requiere de un flujo permanente de recursos.

EL PATRIMONIO DE LOS POBRES

Sería importante hacerles comprender a los que se rasgan las vestiduras por las “riquezas del Vaticano”, que esto es en realidad patrimonio de los pobres, que sienten las iglesias como suyas y porque en efecto lo son.

Cuando san Juan Pablo II hizo su primer viaje a Brasil quiso visitar las favelas, en esto quiso entrar en la casa de una familia muy pobre. Esta situación le conmovió tanto, que les dejó de regalo su anillo papal. ¿Ustedes piensan que fueron tan tontos como para vender el anillo para repartirse el efectivo? Es su tesoro y lo conservan en la capillita de la favela. Los pobres son pobres, pero no tontos.

¿Y qué pobre ecuatoriano no se siente orgulloso del Santuario Nacional del Quinche – visitado este año por el Papa Francisco –, de la iglesia de La Compañía o de la Catedral de Guayaquil? ¿Acaso preferirían venderla para convertirlo en edificio público del gobierno, y así repartirse entre todos los pobres del Ecuador el dinero, de manera que le alcance a cada uno para un “choripán”?
Jamás en mi vida he escuchado a un pobre quejarse de las “riquezas” de su parroquia o capilla. Lo que sí es cierto, es que son los que más se sacrifican para sostenerla y embellecerla, de manera que muestran sus tesoros con orgullo. ¡Pero no!, siempre hay dos o tres acomodados que están más preocupados de tildar a la Iglesia de “pomposa y millonaria”, que de meterse la mano en el bolsillo para arrojar en la ofrenda de la Iglesia – que es para los pobres – por lo menos más de 25 centavos. ¡Hipócritas!

EL PROBLEMA NO SON LOS BIENES. EL PROBLEMA ES QUE SOMOS TACAÑOS

Sinceramente al final, no termino de comprender cuál es el problema de que la Iglesia tenga bienes, cuando son verdaderamente necesarios para proclamar el Reino de Dios y cumplir su misión en la tierra. Dado que la Iglesia es una institución divina pero también humana, se habrán dado cuenta que quienes atienden en las parroquias no son ángeles, sino personas a las que se les debe pagar un sueldo, de manera que quienes visitan la iglesia sólo por tres ocasiones (matrimonio, bautizo de sus hijos y muerte de un familiar) tengan por lo menos con quién quejarse de que la Iglesia “pide dinero siempre”. Además, el curita que celebra la misa y distribuye los Sacramentos de salvación, tampoco es un ser angélico, de manera que también necesita comer, vestirse y si es posible un auto para movilizarse más rápido cuando se trata de llevar la comunión a un enfermo o una extremaunción a un moribundo, y dado que no somos protestantes y no cobramos el diezmo, lo menos que podemos hacer es ser un poco más generosos en la ofrenda que damos en misa, y si no la damos, por lo menos no tener el descaro de quejarnos cuando algo “no nos gusta”.

FINALMENTE… ¿LA IGLESIA HACE ALGO POR LOS POBRES?

Si hay algún misionero o alguna religiosa leyéndome, pido públicamente disculpas por hacer una pregunta tan descarada muy a pesar de que sé que han desgastado sus vidas por la causa de los pobres y más necesitados.

Por amor a Dios, a aquellos que tienen las “riquezas del Vaticano” en la punta de la lengua, les desafío a presentarme una institución que haya aportado tanto bien al mundo – y especialmente a los pobres – como la Iglesia Católica. Parece que esta gente no se ha informado de quién inventó los hospitales y las universidades. Quién promovió la educación a través de los siglos. Quién luchó contra la esclavitud. Quién tuvo gran participación en la caída del Comunismo. Quién atiende a los leprosos, inmigrantes, necesitados y marginados de la sociedad. ¡La Iglesia Católica!

CONCLUSIÓN

Verdaderamente no existe acusación más ridícula que la de las “riquezas del Vaticano”. Tal como lo dije en la introducción de este artículo: si los que cuestionan con aire de inquisidores lo hacen por ignorancia, tenemos la obligación cristiana y moral de explicar cuál es la realidad de las cosas, pero si es una persona guiada por sus perjuicios contra la Iglesia, cerrada a los argumentos racionales y que salta de un argumento a otro para no tener que explicar ninguno, no vale la pena perder nuestro tiempo.
Steven Neira

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